“yo quiero que me enseñen”

Dicen algunos MIR enfadados ” que no se les enseña”. A ellos les dedico este cuento árabe en el que el maestro es un humilde HERRERO.

En una ciudad donde se enseñaban todas las ciencias vivía un JOVEN ESTUDIANTE, animado por un incesante deseo de perfección. Por el relato de un viajero, un día supo que en un lejano país existía un hombre incomparable, que poseía todas las virtudes de los siglos de los siglos. Ese hombre, a pesar de su ciencia, ejercía de herrero, como antes lo habían hecho su padre y el padre de su padre.

En cuanto oyó hablar de aquella maravilla de sabiduría, el joven cogió sus sandalias, sus bártulos y se fue. Tras meses de viaje y fatigas, llegó a la ciudad del herrero, se presentó ante él, besó los faldones de su ropa y se mantuvo en una actitud deferente. El herrero, un hombre mayor, le preguntó:

– ¿Qué deseas?

Aprender la ciencia –  contestó el joven.

Entonces el herrero le colocó entre las manos la cuerda del fuelle y le pidió que tirase de ella. El joven tiró de la cuerda hasta que se puso el sol. A la mañana siguiente hizo lo mismo, y los días que siguieron, y los meses que siguieron. Trabajó así durante un año sin que nadie le dirigiese una sola palabra.

Y pasaron cinco años. Finalmente, un día el joven que tiraba de la cuerda le dijo al herrero:

– Maestro…

En la herrería todo se detuvo. Los otros trabajadores parecían expectantes. En el silencio que siguió, el herrero le dijo al joven:

– ¿Qué quieres?

– Quiero la ciencia, maestro…

Y el herrero contestó:

Tira de la cuerda.

Pasaron otros cinco años en aquel duro y silencioso trabajo. Nadie hablaba. Si un discípulo deseaba preguntarle algo al maestro, escribía la pregunta en un trozo de papel. El maestro, a veces,  arrojaba el papel al fuego, lo que significaba que la pregunta era baladí. A veces enrollaba el papel en un pliegue de su turbante, y al día siguiente el discípulo encontraba la respuesta escrita con letras de oro en el muro de su celda.

Al cabo de diez años, el viejo herrero se acercó al tirador de cuerda y le tocó el hombro. Él que había ido para aprender la sabiduría – y que había aprendido la paciencia – , dejó de tirar de la cuerda. Sintió una gran alegría en su interior. El viejo herrero lo abrazó y dejó que se marchase. Algunos pretenden que no le dijo una sola palabra.

El joven, ya hecho hombre, volvió a su casa y se encontró con sus amigos. Durante el resto de su existencia vivó en tranquila lucidez.

Comentaba una amiga que se había apuntado a clases de equitación. El curso le costaba un dinero considerable y estaba mosqueada porque se pasaba gran parte del horario de clases limpiando/ cepillando al caballo y muchas veces limpiando la cuadra. Pasados muchos días su profesor le enseñó varios TRUCOS y mi amiga quedó encantada, entonces dió por buenas las horas en la cuadra.

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2 respuestas a “yo quiero que me enseñen”

  1. CraigTorson dijo:

    Great blogpost as for me. Thank u for sharing this info. By the way, why don’t you get another header?

  2. JosephFranplou dijo:

    That’s definitely what I was looking for. Thanks for the details. BTW, other pages are not so interesting. Please don’t be offended, just try to keep quality in this way🙂
    Joseph Franplou

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