Carta a los pacientes de urgencias

En este Blog nos gusta la cosecha propia (casos clínicos, imágenes de ECG, Rx, Eco, TAC…) …. también aprovecharnos del trabajo de otros.

El blog De fútbol y de medicina… todo el mundo opina publicó hace unos días las reflexiones de una residente (UL, Charlie&cía) que me he permitido copiar:

Querido paciente:

Sí, soy yo. “la chica” que te vio el otro día en urgencias a las 10 de la mañana, o a las 6 de la tarde, o a las 5 de la mañana. La que pasó planta el otro día. La misma.
Más bien tirando a bajita, pelo ondulado, gafas de pasta… y cara de niña. Voy a otro ritmo, es cierto. Creo que fue a los 15 años que el tiempo se paró y llevo un retraso de 5-7 años (según la versión) en mi aspecto externo.

Querido paciente… soy su médica. Sí. No soy una estudiante. No estoy haciendo prácticas. Soy médica. Médica residente. Eso es que estoy formándome para ser especialista. Créeme… la tarjetita identificativa que llevo colgada, me ha costado una nota de acceso por las nubes, 6 años de carrera, 7 meses de preparación intensa para una “oposición” y sacar un puesto en el examen MIR que no me da trabajo de manera indefinida, solo el tiempo que dure mi formación. Soy MIR. Algún adjunto me explicó que la palabra “residente” viene de que es como si viviéramos en el hospital. En algunos momentos, sobre todo cuando una guardia sigue a otra guardia, o cuando hay que quedarse las tardes para preparar una sesión, a uno le entra la duda sobre si merece la pena pagar un alquiler realmente. ¡¡Pero a ver dónde meto a los gatos si no!!
No voy a exagerar. No me creo mejor persona por ser médica. No soy superior a nadie. Soy yo. Y esta es mi profesión. La profesión que me costó mis sudores, mis lágrimas… ¡Que me cuesta!
Pero también me da  alegrías. La profesión que elegí.

13713_967_544Querido paciente sé que a veces estás molesto porque llevas dos horas esperando en urgencias a ser atendido. Sé que te molestas más si en algún momento (ante la desesperación de las benditas enfermeras) me paso a decirte que es posible que aún tardes más tiempo en ser atendido. Esto es urgencias. La guerra. Al principio intentaba alejarme de ese tipo de frases… pero al final, cual “madre” cayendo en las frases de su madre… acabo diciendo lo de “Esto no es una carnicería. Aquí  no vamos por número. ¡Atendemos primero a los pacientes graves!”
No decimos que lo tuyo no sea importante (aunque puede que no lo sea…) , pero si tardas un poco más, no es porque esté dedicándome a mirar a ver si pasa alguna estrella fugaz. Probablemente esté atendiendo a pacientes graves o potencialmente graves. Sí… no somos superhéroes… pero a veces los pacientes se mueren. O  pueden llegar a morir o perder alguna capacidad importante de no atenderlos rápido. De ahí la palabra URGENCIAS.

Querido paciente, disculpa si, una vez solucioando tu problema, tardo 10 o 20  minutos más en darte el alta. Créeme mi función no es solo verte en un box y extender una varita mágica y ¡¡zas!!: medicación puesta, diagnóstico, informe de alta redactado, pruebas copiadas en el informe…
Créeme… además estoy atendiendo a otros pacientes. Créeme, a veces desde que me entran ganas de orinar hasta que encuentro el hueco para hacerlo, pueden pasar más de dos horas.

Querido paciente, no nos ayuda que vayas diciendo en voz alta por medio de urgencias que “meundo desastre”, que “vaya la sanidad que tenemos”, que “¿para eso pagamos?”. No. Por muy alto que lo digas no podremos atendenderte antes, ni tardar menos en que ingresen a tu familiar, ni nada… En urgencias el tiempo es relativo. No somos máquinas. No somos las únicas personas que estamos trabajando porque todo salga lo mejor posible. Hay gente en el laboratorio sin parar, hay radiólogos sin parar, hay celadores sin parar…
Siempre lo digo: quéjate. Si lo que te molesta es el tiempo de espera, especialmente… quéjate. Pero quéjate por escrito. Yo también creo que falta personal. Pero a mí no me van a hacer caso. Y porque grites más, no puedo dar más.

Querido paciente… sé que a veces me miras con desconfianza. Sé que a veces esa desconfianza desaparece en dos minutos en cuanto ves que te atiendo. Soy médica. Sí… no llevo 20 años ejerciendo. Sí… puede que haya cosas que sea la primera vez que vea. Incluso si llevase 20 años, podría ser también la primera vez que las viera. Muchas otras son el pan de cada guardia (la mayoría). Querido paciente, sé que es difícil, pero confía en mi “inexperiencia”. Yo no confío en mi misma, y eso me hace no ser osada. Eso me hace consultar mis dudas en libros, eso me hace consultar con un adjunto o con dos, o con tres. Eso me hace llamar al especialista (aunque a veces eso me haga llevarme alguna bronca por “molestarlo”). Eso me hace no dar altas sin estar segura de que te puedes ir casa.

Querido paciente… tengo miedo. Tengo miedo de no hacer las cosas bien, tengo miedo de no darte el trato que mereces. Y no quiero dejar de tenerle miedo a eso. Solo quiero controlarlo. Es algo que estoy consiguiendo poco a poco.

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Querido paciente, tú no lo sabes… pero a veces mi guardia depende de los adjuntos que haya. A veces no nos tratan bien. Muchas veces tengo más miedo a cómo me traten  que a enfrentarme a un paciente grave. A mí no me ha pasado… pero sí sé de compañeros que han tenido que salir un rato de urgencias para llorar por eso.
Tú no lo sabes, pero puede que yo tampoco esté pasando por un buen momento. Puede que yo también esté nerviosa, puede que esté triste, pero que igualmente me toque trabajar ese día.
Tú no lo sabes, pero puede que yo también esté enferma o lo esté un familiar mío.
Tú no lo sabes, pero puedo estar realmente preocupada por el paciente que acabo de pasar a observación o por la familia de aquel hombre en sus cuarentaypocos que acaba de fallecer sin que hayamos podido hacer nada.
Tú no lo sabes, pero cuando pasé por observación y vi a tu padre, anciano, con demencia,  tumbado, con la mirada perdida mientras le pasaba la bolsita de sangre, le di la mano unos sengundos. Apreté un poquito para darle fuerza… o cariño. No lo sé. Estar solo en observación no debe ser fácil.
Y es mi trabajo, eso sí lo sabes. Y cobro por ello, eso también lo sabes. Quizás no sepas que mi hora de trabajo en una guardia no llega a los 10 euros. No soy ambiciosa, pero créeme, no está bien pagado.
No pasa nada, no vengo a hablar de dinero.
Tú no lo sabes, pero es que yo a mi casa, me llevo algo más que dinero. Me llevo historias. Historias que me hacen reír o que me hacen llorar. Me llevo un papel con códigos de algunos pacientes para revisar qué pasó con ellos durante su ingreso. Para seguir aprendiendo.

Solo quiero decirte, querido paciente, que intentes ser eso… paciente. No te pido una alfombra roja o un aplauso al entrar en el box. Solo educación. Todo fluirá mejor. Te pido que vengas a urgencias cuando realmente sea una urgencia. Y si es así, te pido que vengas ¡rápido!
Te prometo que daré lo mejor de mí. Incluso cuando lleve 12 horas seguidas trabajando y aún me queden otras 12 por delante. Prometo intentar sonreír si se dan las circunstancias.

Y a ti… querido paciente… siento haber caído en los tópicos del paciente/familiar que se queja, porque la verdad es que la mayoría de las veces no es así. La mayoría de las veces hay educación, paciencia y agradecimiento. Pero esas otras excepciones pueden hundirte un poco más en una guardia.

Así que… paciente, ciudadano de a pie… o yo misma… Sea a quien sea… si en algún momento dudas en dar las gracias o no darlas… ¡¡DALAS!! Tú no lo sabes… pero quizás esas “gracias” me compensan todo lo demás. Me compensan las quejas de “los otros”, me compensan los “adjuntos malos”, me compensan el sueldo del residente, me compensan el aguantarme un par de horitas más antes de orinar. Esas “gracias” me dan el impulso para seguir sonriendo en la guardia.

Así que a ti, querido paciente, que diste las gracias o que viniste a urgencias cuando tenías que venir… GRACIAS.

urgencias

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4 respuestas a Carta a los pacientes de urgencias

  1. Maia Bernad Barcos dijo:

    Es buenísima la carta.
    Si… ya se que comento poco y casi siempre de lo no estrictamente médico. Asi soy yo. Pero te leo. Incondicional aunque a mi ritmo. ENHORABUENA POR EL BLOG! Admiradora. Maia

  2. Victor dijo:

    Reconozco que me ha emocionado esta carta. Ha sabido reflejar lo que se siente en ocasiones como residente en la urgencia hospitalaria y no es solo impotencia, rabia, desesperación, angustia, cansancio, agotamiento. También ganas de hacer bien las cosas y satisfacción cuando el resultado de tu esfuerzo no es solamente el alivio de un dolor, o la remisión de una disnea sino esa mirada, esa sonrisa a través de una mascarilla que te fortalece para seguir en la “batalla” contra el sufrimiento. Gracias por el blog.

  3. Irene dijo:

    jajaja, ningún problema en que lo compartas!!
    En algún momento, creo que había llegado a tu blog, porque me suena!!

    (Seguro que eres adjunto bueno!!! (que, igual que pacientes educados, también los hay… y muchos… Llegar a una guardia y ver que los que hay son así, para mí es poder respirar tranquila. Es media guardia, en serio =)

    • Josu Abecia dijo:

      Hola Irene (Charlie&cía), GRACIAS.
      Respecto a si soy adjunto bueno o malo, pues no lo sé seguro. Debiera de hacer un estudio tipo 360º (preguntar a otros).

      Tu reflexión, en forma de carta, refleja vivencias compartidas por muchos de nosotros: residentes y adjuntos. Algunos adjuntos olvidan que en algún tiempo también fueron residentes o argumentan que siendo ellos MIR se les exigía mucho más, y bla, bla, bla.
      (creo que la Dra. Maia Bernad coincide conmigo en dicha reflexión)

      La demencia, el olvido…, la jusficación de lo injustificable… hace estragos.
      Un cordial saludo.

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